Que le pongan precio a esta soledad entre cobijas.
Que alguien sepa cuánto vale el vacío en que mueren mis caricias.
Que todos sepan que mis lágrimas se camuflan en sonrisas.
Que mi castigo, mi deseo y mi tortura mis ganas paralizan.
Que hoy puedo sentir lo que leí en algún verso, en un poema.
Que hoy sé lo que es vivir la soledad a duras penas.
Que aquel que acaricio en mis sueños es una quimera.
Que a quien anhelo no lo tengo, de nada vale la espera.
Que comenzó como un juego, de tardes plenas de alegría.
Que no supe controlar mi mundo de fantasías.
Que confiada empecé a arriesgar en este juego la dicha.
Que hoy no quiero ser yo, ya no quiero ser Lascivia.














